Tener un hogar nos permite juntos ser y avanzar,
es la hoguera que nos brinda calidez, luz y el amor,
es donde lo sublime y lo sutil se logran visualizar,
es el respeto, la admiración y la plenitud sin temor.

El hogar es el místico paraíso que hay que cuidar,
es lugar para observar y meditar con tranquilidad,
es lo propicio para con fe y esperanza dar y dar,
es nido que cobija a los seres con clara humanidad.

En el hogar se da la experiencia que enseña y agrada,
se confronta lo humano con lo esencial, la serenidad.
Es la propia escuela de la excelsa sabiduría sagrada
que atesora toda la pureza y nuestra grandiosidad.

En el hogar hay la más depurada y cálida conexión,
la de las miradas que la alegría y la dicha nos emiten.
En el, las palabras son impecables para la comunicación
con relaciones e interacciones que soluciones transmiten.

Un lugar llamado Hogar

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