De la oscura noche al claro amanecer,
de ser sin humanidad, a poder lograrla,
de perseverante y tenaz, a no perecer,
y de la asimetría a avanzar y superarla.

De la luz del día, a la iniciada aventura,
del infante, adolescente y del joven vital,
a la inteligencia e inocencia de criatura,
o a la ingenuidad que nos oculta lo fatal.

De adulto, a no visualizar su acontecer,
pudiendo ser arrastrado por lo banal.
De estar consciente y vital como un ser
para con salud mantener lo esencial.

De anciano con dignidad en el atardecer
y ascenso libre y con responsabilidad,
a la descendencia que hay que enaltecer
trascendiendo lo trivial y la calamidad.

Atardecer

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