Y la serenidad y penumbra de la vida intrauterina culminan,
donde se funden y se confunden lo tangible y lo cuántico,
donde emociones y estados de ánimo influyen y determinan,
me toca nacer y a mi madre parir, en lo dramático y fantástico.

Siento dolor, rabia y frustración que me llevan a la confusión,
anhelo, que quien absorto contemple mi llegada, tenga empatía,
que sea sutil en la manipulación, en la desconexión y la reconexión,
que el contacto y abrazos con mis padres, se dé como garantía.

La tristeza y llanto me es inevitable y se une a la alegría de mi madre,
tengo que tener autonomía como organismo y no perder autenticidad,
continuaré iluminando a mamá para que me contenga junto a mi padre,
nos acomodaremos y asimilaremos esta forma de estar en humanidad.

Y el nuevo ambiente, tiempo y cultura sin querer interfiere y está presente,
la inteligencia y sabiduría compartida es oportunidad para la humanidad,
predominando el respeto sobre el miedo y el amor sobre el odio evidente,
y así una vez más como niño dar a los humanos la opción de serenidad.

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