Por el Dr. Ivolino DE VASCONCELLOS. (Río de Janeiro, Brasil).
Y
DIOS Y SEÑOR MIO:

A este vuestro hijo, a quien disteis la gracia de formarse en Medicina, según los dictámenes que a Hipócrates inspirasteis, conceded, para que pueda con dignidad, ejercer su sacerdocio, estos bienes, que aquí Os .ruego:

Dadme la HUMILDAD perfecta de corazón para que jamás olvide que todo lo que sé lo debo a tus maestros y que, si un día llegase a saber más que ellos, sólo cumpliría con un deber sagrado, el perfeccionar los conocimientos recibidos;

Dadme la virtud de GRATITUD, para que alabe siempre, por toda mi vida, a aquellos que me hicieron médico, mis maestros que me enseñaron, y a Vos, a quien todo debo; y dadme una capacidad de gratitud, según la cual deberé transmitir a mis descendientes y a los descendientes de mis maestros y a otros discípulos que hayan asumido el compromiso de los estudios médicos, toda la sabiduría que hubiese adquirido, en el ejercicio de mi arte;

Dadme la FE, Señor, en Vos, en mi ciencia y en mí mismo, para que jamás dude de la cura de los enfermos confiados a mi cuidado, porque no existen incurables para los que creen en Vos, que sois capaz de todo, conforme lo demostrasteis frente al túmulo de Lázaro, a quien resucitasteis:

Dadme, Señor, la CARIDAD, para que, con devoto amor, pueda dedicarme al cuidado de mis enfermos, vidas preciosas que en mis manos confiasteis; llena mi corazón de bondad, para que pueda sentir en mí mismo, el dolor que a mis hermanos la enfermedad inflige, y pueda dedicarles todos mis esfuerzos, a fin de aminorar sus sufrimientos y prolongarles la vida;

Dadme FIRMEZA, Señor, para que repudie siempre la práctica de la eutanasia, contraria a la naturaleza y, contraria al sacerdocio médico; de Vos he recibido poderes y virtudes para aliviar, curar y prolongar la vida, y si algún día perdiese mi fé en Vos y llevase a la muerte a un enfermo, que en ese día fuese entregado a la execración pública, para castigo de mi crimen;

Dadme DECISION, Señor, para que abomine la práctica del aborto criminoso, nefanda acción que me transformaría en un asesino de víctima indefensa, por servirme de mi oficio para robar vidas Vuestras y por contribuír a la disolución de las costumbres y a la degradación de la sociedad humana;

Dadme la PUREZA de espíritu, para que sea sereno, justo, recatado y bueno; hacedme, Señor, humilde sin servilismo, tolerante sin timidez, alegre sin afectación; y dadme la pureza de cuerpo, que deberé mantener íntegra, porque un médico que no sabe cuidar de sí mismo, jamás sabrá cuidar de su semejante; .

Dadme la DISCRECION para que mis ojos sean ciegos, mis oídos sean sordos, mi lengua sea muda, para los secretos que me fueron confiados en el ejercicio de mis funciones, salvo cuando me sea permitido revelar tales hechos y pueda con su relato contribuír para el adelanto de mi arte;

Dadme, Señor, la MODESTIA fuerte y vigilante, para que jamás permita que la vanidad se infiltre furtivamente en mi alma, porque el médico vanidoso se transforma luego en un necio, que a ninguno podrá ya más ser útil;

Dadme FUERZA contra la lujuria, para que aparte de mí cualquier pensamiento de voluptuosidad y jamás me manche en contactos sexuales deshonestos, que perviertan mis sentimientos y mi razón, imposibilitándome para la práctica de mi sagrado oficio;

Dadme ANIMO fuerte contra la avaricia, para que nunca, al atender un enfermo, piense si podrá o no retribuirme mis servicios, porque tal pensamiento obnubilaría la claridad de mi mente, perturbaría mi raciocinio, contaminaría mis manos que, de manos de sacerdote, se transformarían en manos de mercader;

Dadme PACIENCIA infinita y FUERZAS suficientes para que mi ánimo sea siempre compasivo y generoso y que aún en los momentos de mayor cansancio, encuentre disposición para atender a un enfermo que me reclama y cuya vida podrá depender del sacrificio de mi reposo, aunque sea bien merecido;

Dadme, Señor, CORAJE para enfrentar los zarzos de la ingratitud y que nada pueda conmoverme en mi fé ni entibiar mi claridad y que el amor que tengo a mi profesión pueda resistir los duros embates de la calumnia y la perfidia, de la maldad y la insensatez humanas;

Dadme la PERSEVERANCIA para que en mis estudios no desmaye, para que de mis obligaciones no me aparte y de mi práctica no descuide, pués sólo podré ser un buen médico si busco siempre perfeccionarme en mi ciencia. y en mi arte, imbuido del pensamiento de que la medicina es imperfecta pero progresa sin cesar;

Señor, concededme por la práctica de estas virtudes, honrar mi grado de médico y cumplir en la tierra la misión consoladora que fué expresa voluntad de mi alma; y si no hubiese cogido bienes materiales en mi existencia, que mi memoria sea respetada entre los hombres y pueda inspirar las virtudes de aquellos que me ‘sucedieran en mi sacerdocio.

Amén.

LA ORACIÓN DEL MÉDICO

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